El grito del elefante

Una estrella del circo mundial posa con Mambo, la elefanta, y su padre. | R. Cárdenas

Casi todo el mundo se llevó las manos a la cabeza cuando el Rey abatió un magnífico ejemplar de proboscídeo en Botuana. Sin embargo, antes de llevar a sus hijos al circo casi ningún padre se plantea los sufrimientos que padecen los elefantes que allí se exhiben.

Y cuando digo elefantes me refiero por extensión a todos los animales que, ante un público alborozado,  se ven obligados a hacer monerías que van totalmente en contra de su   naturaleza. Una rutilante fachada de luces, colores vistosos, músicas y lentejuelas ahoga el 'grito' del elefante. La cara oscura del circo.

Los animales salvajes no obedecen las órdenes del hombre por su propia voluntad. Es solo el imperio de la fuerza, el uso del castigo a base de golpes, ayunos, latigazos y artefactos que producen descargas eléctricas lo que permite que un león o tigre pase por el aro de fuego, o que un monumental elefante hinque la rodilla en tierra ante su sonriente domadora.

En Tailandia, desde muy tierna edad los paquidermos sufren  un duro proceso de sometimiento al hombre mediante golpes, ataduras e instrumentos espeluznantes como el que aparece en la foto. Después del tratamiento el precio del animal 'domesticado' alcanza los miles de dólares.

Show sangriento

Hace algunos siglos el circo con animales no era solo un espectáculo navideño como aquí, sino un show permanente en el que las fieras se mataban entre ellas, devoraban a los primeros cristianos o luchaban con uñas y dientes contra gladiadores y esclavos. Ahora evocamos esas atrocidades con una sonrisa de suficiencia y superioridad. ¡Qué bárbaros eran los romanos!

Pero conviene recordar que hasta no hace mucho tiempo los circos exhibían todo un catálogo de horrores y fenómenos genéticos, como mujeres barbudas, enanos, siameses unidos por alguna parte de su anatomía, ¡el hombre elefante!,  y demás malformaciones. Incluso sirenas de pega que se fabricaban cosiendo medio cuerpo de mona a una cola de pez.

Un vestigio de ese  horror  de antaño alienta en las tristes existencias de los animales de circo. Apartados para siempre de su hábitat natural, estabulados en espacios mínimos, obligados a viajar de aquí para allá soportando la inclemencia de los climas más variados, aturdidos por drogas que los mantienen sumisos.

Según un estudio de la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad a los Animales en West Sussex (Reino Unido), publicado en la revista Science, en 2008, la cautividad reduce a más de la mitad la vida de estos ejemplares, además de provocarles enfermedades como diabetes y obesidad y graves trastornos de conducta como el incesante balanceo de cabeza que adoptan muchos elefantes.

Debido a la variedad de legislaciones que existen en distintos países  y al nomadismo circense  es muy difícil controlar la actividad de los animales de circo muchos de ellos controlados por mafias que hacen de su tráfico un pingüe negocio. Su circulación también puede generar problemas de salud en los humanos y de peligrosidad pública,  si se escapan, como más de una vez ha ocurrido, según  explica un detallado informe realizado por Iniciativa animalista.

 

Este es uno de los colectivos que lucha contra la pervivencia de unos usos y costumbres, rémoras del pasado, que chocan con una nueva sensibilidad de la sociedad hacia las llamadas criaturas irracionales y el deber que tenemos por nuestra propia humanidad de proporcionarles una vida acorde con su naturaleza.

De hecho cada vez más países prohíben los circos con animales: Canadá, Suecia, Dinamarca, Bolivia, Austria, Perú y Grecia, entre otros.  Ciudades cosmopolitas como Buenos Aires y Sao Paulo contemplan esta prohibición en sus ordenanzas municipales.

Es muy posible que Cataluña se sume durante la presente legislatura a esta postura y en Valencia ya varios municipios la han adoptado, como Burjassot y Mislata. Estas Navidades varios grupos animalistas celebrarán concentraciones frente a los circos que utilizan animales en sus espectáculos que por desgracia son la inmensa mayoría. Todos menos el Gran Fele.

La gloria del circo

 Nada más lejos de mi ánimo que poner en la picota el arte circense sin duda uno de los más antiguos y fascinantes que existen. Pero está demostrado que ese arte no se cimenta en las actuaciones forzadas de unos animales cautivos y esclavos sino en la pericia y la destreza de los artistas cada vez mejor formados. El Circo del Sol, Cric y  Gran Fele son solo algunos ejemplos de que el mejor espectáculo del mundo puede continuar sin necesidad de condenar a unos magníficos animales a una existencia miserable.

Antes de llevar a los niños a un circo con animales, aguzad el oído y podréis oír el grito de los elefantes que es también el barrito del mundo.

 

 


 

Aquí tenéis el enlace a la noticia:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/zoocity/2012/12/12/el-grito-del-elefante.html

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